Hoy por fin voy a explicar por qué estoy en el máster de
profesorado. Como dije ayer, en mi Erasmus, para obtener dos créditos, tuve que
dar clases de español a dos chicas de primer año. A partir de esa experiencia
fue como me entró el gusanillo de querer dar clase.
Si en aquel momento supiese todo lo que sé ahora… muchas
cosas habrían sido distintas. Lo que hacía principalmente con las dos chicas
era preparar y buscar ejercicios, principalmente de verbos (ellas sólo querían
ver verbos, a pesar de que yo quería darles más vocabulario), en casa los
hacían y allí los corregíamos. Decir que no hice ningún tipo de evaluación más
allá de la corrección de los ejercicios.
Siendo sinceros, sí, en aquel momento estaba muy perdido, y
no sabía muy bien cómo encarar la situación. Era una hora a la semana, durante
unos 3-4 meses, la verdad es que la clase tampoco daba mucho de sí como para
poder hacer demasiadas cosas. Sé que una de las chicas aprobó, la otra no me
dijo nada, aunque no me voy a atribuir todo el mérito, espero que la gramática
y los ejercicios al menos le hubiesen ayudado en algo.
El hecho de haber metido
la pata hizo que me plantease el matricularme en el máster, y sinceramente, me
alegro de haberlo hecho, ya que ahora puedo ver los fallos que cometí, y poder
preparar bien las cosas para las siguientes experiencias docentes.

A mí ya me gustaba el hecho de dar clase, pero después de mi experiencia como asistente de conversación, he aceptado todo trabajo relacionado con la docencia. Está claro que todos hemos cometido errores, pero lo bueno de cometerlos es que de ellos aprendemos, quédate con eso Tomás!!
ResponderEliminarUn saludo!!
Exactamente, hay que ver los errores como modos de aprender y de mejorar.
Eliminar¡Un saludo!